TOY'S DEATH STORY
" Los cuentos dicen
que cada juguete guarda en su interior una porción de felicidad de
cada momento que ha pasado jugando con su poseedor. Este pequeño
trocito de júbilo se convierte desde entonces en su alma. Cuanto más
momentos felices han pasado el juguete y su correspondiente niño,
más grande y dulce es su alma.
Este alma permanecerá
viva hasta la muerte del niño.
Simplemente esto han sido
cuentos que siempre se han dicho a los niños para que cuiden sus
juguetes y los disfruten con control. En la inocencia de los niños
no cabe el hecho de que jugar con sus juguetes puede ser sin duda, un
arma de doble filo que podría desembocar en una serie de fatales
sucesos.
Los cuentos dicen que
cada juguete guarda en su interior una porción de felicidad de cada
momento pasado junto a su niño. Ese trozo se convierte desde ese
momento en su alma. Cuantos más momentos felices hayan pasado, más
grande y dulce será el alma. Cuanto más tiempo pase el juguete sin
ser usado y estando abandonado, más se llenará este alma de odio y
rabia.
El alma permanecerá viva
y llena de rencor hasta la muerte del niño. Natural, o víctima del
odio de aquellos compañeros de viaje en su infancia, que fueron
olvidados y arrojados a un cajón y obligados a ir cogidos de la mano
del olvido. "
- Cuentos, nada más que
cuentos. Cuentos de niños. Fantasías, o realidades. -
Carlos fue un feliz
retoño concebido en la Noche de San Juan de 1993. Como toda vida
bebé, Carlos empezó sus andanzas por este mundo; por aquellos
entonces aún liviano, libertino y soñador, pero eso son otras
historias de política que no vienen a cuento aquí..., bueno, que
eso, Carlos empezó sus andanzas por este mundo de la mano de su
compañero de cuna y amigo, Teddy, el oso cariñoso. Un oso de suave
pelo marrón, ataviado con una pajarita y con un corazón rojo cosido
en su pecho de algodón.
Carlos era muy feliz con
ese osito. Jugaba con él a todas horas. Apenas se levantaba de su
dulce siesta, o acababa de tomarse sus potitos matutinos, se ponía a
jugar con su osito y a simular dios-sabe-qué aventuras, provenientes
de la mente de un recién nacido.
Desgraciadamente en la
vida de todo niño, todos crecemos, y a su vez, todas las cosas de
nuestro entorno también crecen. Carlos tenía 5 años cuando por
primera vez su osito sufrió un terrible accidente: Jugando a los
avioncitos, el pobre Teddy perdió un brazo. Carlos lloró y lloró,
pero su llanto no duró mucho. Tal vez, un par de horas. Teddy volvía
a estar en perfecto estado, gracias a su mami, gran costurera.
Pasaban los años y
Carlos no se despegaba de su osito. Esa era su alma algodonosa
gemela. Ese pequeño trocito de felicidad fue creciendo cada vez más
y más en el cuerpo de Teddy. Tenía un alma enorme y muy noble y
dulce. Siempre estarían unidos, le dijo Carlos.
[...]
2011.
Carlos tiene 18 años, y
hoy por fin se ha decidido a pedir salir a Sandra, una chica que le
gusta desde hace bastantes meses. Con un arranque de valor, en el
patio del instituto, se lo pide, y ella, entre muecas de sorpresa y
vergüenza, acepta. Carlos siente una sensación de alegría que le
inunda el pecho. Han quedado a las 6 de la tarde para tomar algo y
dar un paseo.
Pasa toda la tarde
arreglándose en el baño hasta que se hace la hora acordada.
Acude a la cita.
Es de noche, se ha
acabado la cita. Todo ha salido a pedir de boca. Tarde memorable.
Pero a Carlos aún le falta algo para que sea perfecta. En la puerta
de Sandra, cuando ella se despide de él, Carlos con atrevimiento la
besa. Con las mejillas sonrosadas y con una mueca ya de alegría en
sus labios, Sandra se despide de él. " Mañana cuando acabe el
instituto podemos volver a quedar... si quieres, Sandra." Le
dice. " Me encantaría ". Le contesta ella, le devuelve el
beso, y se marcha. Carlos piensa que ha sido el mejor día de su
vida. Se encuentra contentísimo, lleno de energía. Vuelve a casa
canturreando.
Cuando llega a casa se
conecta enseguida al Tuenti para ver si ella está. "Oh, sí, sí
está. Qué hago? Le hablo? Pensará que soy un pesado. No le hablo?
Pensará que no me interesa." Se decide a hablarle. Pasan horas
hablando. Se hace tarde, se despiden y quedan a la mañana siguiente
a la misma hora. Sabia elección hablarle.
Carlos se dispone a
acostarse, cuando ve algo muy familiar, demasiado incluso, encima de
la cama. Teddy, el oso cariñoso. "Ted, hemos pasado momentos
muy muy buenos, me acuerdo de todos y cada uno de ellos. Te quiero
mucho, pero ahora tengo alguien de verdad a mi lado. Alguién que me
puede devolver verdaderamente el cariño que le preste. Lo siento
tío, pero ya no te necesito, no quiero que venga un día a mi casa y
te vea aquí. Pensará que soy un niño pequeño. Sería ridículo,
jaja. Lo entientes verdad colega? Siempre te recordaré Ted. Ya nos
volveremos a ver tarde o temprano". Dicho esto, cogió a Teddy y
lo metió en una caja de cartón y lo guardó en el fondo de un
armario.
No me quiere, ya no me
quiere. Ya no me necesita. Ya no soy útil. Qué he hecho? Siempre
hemos sido buenos amigos. Siempre estaríamos unidos, no lo
recuerdas? Por qué me has abandonado?
Ese gran amor, esa gran
parte de felicidad, esa gran parte de alma que tenía el osito, se
convirtió en puro odio. Puro rencor. Pura maldad.
Yo te di todo lo que
necesitabas en todo momento. Compañía, amistad, amor, cariño.
Todo. Por qué? Por qué me has hecho esto? Por qué Carlos?
Esas preguntas resonaban
en el alma rota, del oso. Todo el cariño fue reemplazado por odio,
sed de venganza. " Siempre seríamos amigos"... " Te
quiero Carlos" ," Te quiero...", " Te quie..."
,"Te..", " Te quiero matar, Carlos".
Carlos no apareció a la
mañana siguiente en el instituto, ni acudió a la cita. Sus padres
llamaron a la policía y se procuraron programas de búsqueda para
encontrar a su hijo perdido. Su osito de peluche tampoco estaba.
Pensaban que su hijo se había escapado con él y se preguntaban por
qué. Esta duda les reconcomería el resto de sus vidas.
Carlos jamás volvió a
aparecer. Ni Teddy, su osito cariñoso.
" Siempre seremos
amigos, verdad Carlos? Siempre, hasta el FINAL. "
Rubén Rico Miralles. Historias de terror escalofriantemente absurdas.
Rubén Rico Miralles. Historias de terror escalofriantemente absurdas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario